miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Cómo repartimos los amigos?



No, no estoy pensando en cómo dividirse el expolio de amistades y afectos compartidos tras una ruptura sentimental. A lo que me refiero es a los bolsillos bien separaditos en los que una empieza a categorizar los amigos cuando le crecen circunstancias vitales varias. Particularmente, cuando tiene hijos.

Surge la especialización, talmente como si estuviéramos hablando de división del trabajo. Y no se trata de una maniobra egoísta con la que alinear ciertas personas a ciertas necesidades propias –aunque quizás un poco de eso también haya. De lo que realmente se trata es de que cuando prevés que el tema va a ir de hijos hay que proteger a los que están en otra fase personal para no aburrirles irremediablemente. Y protegerles puede significar no incluirles en esa reunión concreta si van a estar en minoría. Porque lo que a unos padres les puede parecer apasionante y darles conversación durante horas al resto de la humanidad se le puede resumir en un titular tipo: “minuto-y-resultado-mi-hijo-está-aprendiendo-a-hacer-caca-en-el-orinalito”. Sin más.

Por eso creo que somos much@s los que al pensar en un acto social (sí, tomar un café es un acto social) nos planteamos si vamos con prole o sin ella, si la misma será o no centro de la conversación y, en consecuencia, quién es público objetivo para tal ocasión. Y luego sí, que la vida no se acaba con la prole y hay otras muchas circunstancias en las que cuantos más mejor, e incluso otras en las que es preferible evitar a otros padres y madres en situación similar para que la interacción fluya por otros derroteros y podamos sacar a relucir otras facetas, aunque sea por un rato.   

2 comentarios:

carmen lopez dijo...

Pero como consigues expresarte tambien?esto si que es verdad verdadera y no lo de yoigo. Menos mal que al final los verdaderos amigos no nos tienen en cuenta estas cosas y al final todos compartimosnun poco de lo nuestro

carmen lopez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.